Manuel Fraga Iribarne ¿Angel o Demonio?

He dicho!!!

Fallece a los 89 años, el quince de enero de dos mil doce, uno de los según algunos impulsores de la democracia en España. Carece de sentido el decir, que para otros muchos no ha sido una figura tan “democrática”. Yo por mi parte, no quiero entrar en polémicas ni dar mi opinión sobre un tema que no domino demasiado. He leído muchos artículos, unos alabándolo, otros criticándolo. Yo en esos años de dictadura cuando este señor tenía algún poder, no me hallaba en España. Y en tiempos del Franquismo, cuando la democracia brillaba por su ausencia tampoco. Así que no puedo opinar con conocimientos propios sobre dicho tema, y mis conocimientos se basan en experiencias contadas por terceras personas. Por eso me voy a limitar a publicar algún artículo de otros autores mas versados que yo en ello. Y un audio de un oyente de Radio Nacional, que encontrareis al final de la publicación. Cada uno que opine lo que quiera. Al final del artículo, podéis expresar vuestras opiniones, que serán bien recibidas.

Ni que decir tiene, que no hay que hacer leña del árbol caído, lo pasado pasado está si bien todo ello nos debe servir para no cometer los mismos errores que cometieron nuestros antepasados y mirar hacia adelante intentando construir una España mejor para todos en democracia, que es la mejor de las doctrinas.

Vaya desde aquí mi pésame para todos sus familiares y allegados.

Artículo de La Vanguardia.

Manuel Fraga o la derecha inacabada

Por Jordi Martín

Mis condolencias para la familia por el fallecimiento de Manuel Fraga. Siempre es triste despedirse de alguien, más aún si quien nos deja goza de una personalidad tan carismática y una trayectoria profesional tan destacada. Dicho esto, me gustaría hacer un análisis muy breve de su figura política, algo que ofrezca un poco de perspectiva histórica ante tanto griterío, demagogia y olvido que predomina en las valoraciones post-mortem que de él se han hecho.

Lo primero que debemos destacar es precisamente eso, las reacciones tan antagónicas que ha despertado la muerte de un político como Fraga: hay quienes loan su figura política sin apenas mencionar su pasado falangista, como si siempre se hubiera tratado de un demócrata convencido. Otros sólo ven en él la encarnación de un régimen fascista, cuyas víctimas mortales hacen imposible ver más allá y entender que Manuel Fraga, entre otros, es uno de los principales artífices de la evolución política de este país hacia un entendimiento entre dos Españas eternamente enfrentadas.

Tal antagonismo solo demuestra una cosa: que la figura de Fraga y lo que él representa todavía nos duele. Nos trae recuerdos amargos de impotencia que sólo hacen que ahondar en heridas no curadas. Los herederos del franquismo y sus hijos, ahora en el gobierno, jamás han sido capaces de entonar un mea culpa por las atrocidades de la dictadura franquista. Han hecho del olvido su principal arma. Y no están dispuestos a aceptar ninguna crítica hacia los que formaron parte y defendieron con ahínco los ideales del franquismo.

Por otro lado están quienes siempre han visto a Fraga como uno de sus principales enemigos: enemigo de las libertades individuales por su papel durante la dictadura, pero también enemigo de los nacionalismos catalán y vasco hacia los cuales Fraga siempre mostró un especial odio. No entienden éstos el pragmatismo que siempre ha caracterizado la vida política de Fraga, el mismo pragmatismo que hizo posible dejar atrás siglos de rencillas para aceptar un marco común de convivencia sobre el cual consolidar la democracia en nuestro país.

A mi entender Fraga representa esencialmente una cosa: la evolución de la derecha española hacia posiciones más centradas, un proceso por otro lado que no ha llegado a su fin. Para la salud democrática de este país era vital que la derecha abandonara el falangismo y el franquismo y aceptara los nuevos valores que la democracia y el estado de las autonomías traían consigo. Y no se me ocurre una persona con un papel más relevante en este proceso que Manuel Fraga. Su papel en la refundación de Alianza Popular bajo el nombre de Partido Popular fue determinante para que la derecha española, tradicionalmente tan dividida, pudiera ser considerada en 1996 una alternativa de gobierno fiable 18 años después de firmarsela Constitución.

Sin embargo, si la derecha tardó tanto en limpiar su imagen, también lo es que le queda todavía camino por recorrer. La última derecha que nos gobernó fue la de la mayoría absoluta de Aznar, cuyo desprecio hacia los nacionalismos fue absoluto –a excepción del español, claro está-. Más despreciable aún fue el papel que jugó desde la oposición el Partido Popular durante la reforma del Estatut de Catalunya, liderando el anticatalanismo más rancio y ruin que uno pueda imaginar. No debemos olvidar que quien lideraba entonces el Partido Popular era Mariano Rajoy, hoy Presidente del Gobierno.

Esta misma derecha nos pide hoy que ensalcemos la figura de Fraga y veamos en él uno de los adalides de la transición de España hacia la democracia. Pues yo les digo que quienes hemos nacido en democracia estamos cansados de oír los elogios hacia la tan cacareada transición española. Les digo que, sin olvidar los éxitos conseguidos en aquel duro proceso, ya va siendo hora que dejemos de vanagloriarnos de un acuerdo político firmado hace 34 años porque, al hacerlo, únicamente estamos dejando en evidencia nuestras diferencias actuales. Y les digo, y les exijo también, que sean capaces de escuchar las voces que piden un cambio en la estructura del Estado porque cada vez somos más los que no nos sentimos representados por el texto que la sustenta.

Manuel Fraga merece mi respeto por el papel que jugó en la política española durante décadas, pero en la medida en que la derecha española siga refiriéndose a él como ejemplo de libertades y democracia, su incapacidad para entender la realidad española actual será aún mayor.

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Audio de un oyente de Radio Nacional, opinando sobre Don Manuel Fraga

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